Los inquietos. Linn Ullmann
- rosario roses
- 20 mar
- 2 Min. de lectura

"El micrófono de la grabadora había captado todos los sonidos de la propia cacofonía sibilante, palpitante, crepitante y resquebrajada. ¿Y por qué no había tomado notas? Tendría que haber dejado constancia de todo cuanto sucedía. No solo lo que veíamos, sino todo lo demás."
El libro lleva tiempo escribiéndose, cogiendo polvo en un desván, en forma de grabaciones... La autora, niña y ahora madre, las encuentra. Enfrentándose a una figura que no llegó a comprender del todo pero que la construyó a ella por completo, tanto en el intento de no parecerse a él como en la necesidad de sentir que la miraba.
Cuántas veces sucede que cuando tienes edad suficiente para acercarte sin miedo a esa figura, con respeto pero sin miedo... Con una identidad que quieres que conozca, que reemplace de alguna manera la niña que quería agradarle y copiarle. Quieres que te vea, y esos intentos hacen que te vuelvas todavía más invisible. Cuando llegas a esa edad, la figura se desvanece, los bordes de su personalidad, esa personalidad rígida e inamovible pierden peso. Cuando quieres hablar, entender y dar sentido a tantas cosas, a tantos recuerdos que cimentan quién eres.... Ya es tarde, su relación con el exterior es mínima, sus palabras inconexas, ni siquiera es tu padre. Y el orden, se lo proporcionas tú, siguiendo las pautas que siguió contigo misma, ya no eres la misma que él recuerda pero tienes que serlo para que recuerde. No puedes ser otra, no puedes ser tú, porque entonces se perdería, se perdería para siempre.
Este libro es un viaje por esa sensación, la de querer comprender y establecer un vínculo ahora, ahora que puedo explicarte qué me gusta, qué cosas me enseñaste que forman parte de mí y cuáles he descartado, explicarte por qué. Sentir que me ves, de verdad.
La autora escribe un diario de recuerdos desde lo más liviano y accidental como la cantidad de veces que se bañaba su padre en verano, hasta los últimos días con su padre, el duelo.
Sé que intenta encontrar algo, escribe y escribe compulsivamente, acumula recuerdos, ideas, conversaciones... Quiere entender y yo también deseo hacerlo a través de ella. Pero no llega ese consuelo, no hay nada que se pueda sacar en claro.
Tan sólo una niña jugando con el mecanismo de un reloj. Sabe qué teclas pulsar para que le dé la hora, pero se pregunta cómo. Y por qué el tiempo sigue avanzando, si lo hizo pedazos. Ya no funciona, pero sigue escuchando el tic tac.



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