DOLCE VITA. DEL CIELO A LOS INFIERNOS.
- rosario roses
- 1 sept 2024
- 3 Min. de lectura
Cada vez me vuelvo más y más consciente de por qué adoro Fellini y eso no le resta complejidad en absoluto. Es cierto que la Dolce Vita no ha sido de mis películas favoritas de su filmografía, la Strada sigue estando en el Top 1 (por ahora) pero me gustaría ahondar en esta maravillosa y confusa película.
Comenzaré por el principio con la escena inicial del Cristo volando recorriendo la ciudad y contemplando cada uno de sus "personajes" desde arriba. Desde una visión completamente distorsionada, tal como hace Fellini en muchas de sus películas.
Su manera de mirar es caricatura, confusión, ironía,... Es como entrar en una sala llena de espejos dentro de un circo.

Toda la película se vuelve incómoda, con los paparazzi corriendo de un lado para otro sin moral, sin valores, perdidos de una zona a otra de la ciudad. Perdido como está a su vez el protagonista, un periodista que solo va de un deseo a otro sin llegar a su consecución.
La confusión también proviene del ruido constante, de la farándula, de una ciudad frenética... Los personajes aparecen y desaparecen, es difícil seguir una línea narrativa lineal, hay elipsis constantes propias a su vez del cine de Fellini. Es cierto que esta fragmentación es más notable en películas como 8 y medio pero en Dolce Vita también se observa claramente.
A Fellini le interesa crear imágenes, no narrar, le interesa generar atmósferas y en eso es muy bueno. Te pierdes en muchas ocasiones pero sabes que puedes disfrutar contemplando la escena que hay frente a ti... Como el silencio en la Fontana di Trevi, el padre haciendo la cama tras la desoladora escena del sofá, el amanecer en el mar tras la decadencia de la fiesta aristocrática.
Además, en sus películas aunque todos los personajes se disfracen y sean eso, personajes de sí mismos, nunca podrán escapar de cierto determinismo. Aunque queramos soñar con ellos, Fellini nos prepara ese ambiente bello donde las luces son un personaje más de la trama... Y aunque estemos a punto de alcanzar ese deseo, ese sueño... Nos lo arrebata, porque la vida se abre paso en esos juegos de ilusiones. Es un neorrealismo tardío, se observa en este aire de sueño, en las partículas que brillan suspendidas en algunas de las escenas.
Una de mis escenas preferidas del canto a la belleza sería el baño de la "diosa americana" en la Fontana Di Trevi. Cómo se pierde con su gatito en las calles de Roma, como un alma inocente algo parecida (pero rebosante de sensualidad) a Cabiria o Gelsomina y se termina purificando en el agua, donde las luces del amanecer les descubren como el final de un sueño.
Otro de los motivos por los que me enamoro de muchas de las películas de Fellini es por la luz, la capacidad de crear unos contrastes tan sobrecogedores. Una de las escenas que voy a mostrar es un vídeo de la inaccesible Maddalena y las intenciones de Marcelo que se muestran a través de la sombra.
La escena del padre también es desgarradora por su iluminación:

Fellini no perdona.
Sus personajes caen, sin embargo, siente por algunos de ellos un especial cariño y deja en algunas de sus películas una sensación esperanzadora.
En la Dolce Vita aparecen dos finales, quizás el que Fellini de verdad sentía como propio, como un reflejo real de esa sociedad mezquina, vacía de valores, cínica y superficial... Hinchada y grotesca como el monstruo que sacan del mar.
El ojo de un monstruo que guarda similitudes en mi opinión con el de Buñuel en un perro andaluz o el desagüe de Hitchcock en Psicosis. Un reflejo viscoso y desagradable de la condición humana al que es difícil mantenerle la mirada.
Para lo grotesco hace falta distancia.

Y el final que necesitamos, donde el velo de lo real no termina de caer y aparece el cine como salvador...
En "Las noches de Cabiria", Giulietta Masina mira a cámara tras haber caído de nuevo y sonríe, tal como hace la niña en la "Dolce Vita".

El cine de Fellini es un canto a la vida, al esperpento, al ruido, al carnaval, a lo humano





En la historia del cine la obra de Fellini siempre a causado fascinación, no obstante ganó dos oscars , esa fascinación la ha sintetizado magnificente Rosario con su excelente comentario de la Dolce Vita , obra icónica del director. Federico estaría orgullo de la pasión con la que escribe Rosario ya que es la misma que ponía el en hacer sus películas. Que no se pierda nunca la pasión en hacer cosas bellas.